Dulce canto

Casi puedo verlo, casi puedo sentirlo. 
El dolor poco a poco va nublando mi pobre ser, lentamente se va apoderando de mi corazón hasta envolverlo por completo. No me queda otra opción que caminar por las calles de mi ciudad sin rumbo alguno, esperando que llegue un milagro, algo que ayude a salvar mi pobre alma que se encuentra rota en mil y un pedazos. Todo es de la misma manera que ayer, los mismos edificios, el mismo cielo azul adornado por el calor del sol que lo va consumiendo todo a su alrededor. Siento como si, de un momento a otro fuera a caer al vacío más hondo y solitario que pudiera existir y en este momento comienzo a sentirme como Ícaro al acercarse demasiado al sol. 
Pronto llego al que supongo que ha sido mi destino, un inmenso mar azul brilla con tanta hermosura que parece bendecido por el propio Helios. A mi izquierda una pequeña extensión de tierra canaria se alza sobre mi, como si de un muro se tratase, como si solo quisiera mantenerme cautiva. En un primer momento, no soy consiente de lo que comienza a ocurrir sobre el horizonte que me encuentro contemplando. 
Casi puedo verlo, casi puedo sentirlo. 
En el horizonte, sobre un pequeño islote se encuentra parte de una figura, al principio solo soy capaz de distinguir su extenso cabello rubio que se encuentra compitiendo con el dios del sol, después de un instante, soy capaz de distinguir su hermosa piel blanca que es tan pálida como la muerte, pero que, al mismo tiempo, la siento llena de vida. En ocasiones es casi translúcida y lentamente observo como se va transformando en una piel rosácea, digna de envidiar. Pronto soy capaz de divisar una fina línea de escamas que comienza a asomar debajo del ombligo de la figura hierática, para acabar convirtiéndose en una extensa cola que me recuerda a los hermosos seres marinos que habitan las aguas de mi querida isla. Pero hay algo que no está bien. 
Casi puedo verlo, casi puedo sentirlo.
El sol comienza a ponerse sobre el horizonte y el paisaje comienza a cambiar con dicho movimiento. La brisa del viento trae consigo una dulce melodía que soy capaz de reconocer al instante, la escucho con detenimiento disfrutando cada nota emitida como si, de algún modo, aquel canto me perteneciera, pronto me doy cuenta que la voz que escucho es mi propia voz en boca de la otra figura lejana. Aquella figura de mujer se ha vuelto más nítida con el paso del tiempo, casi puedo ver detalladamente cada movimiento y expresión en su rostro, pero aunque la curiosidad esté en mis entrañas, siento que me persigue, siempre me persigue, no importan todos mis duros intentos por escapar de ella, siempre me acaba encontrando. 
Casi puedo verlo, casi puedo sentirlo.
El sol está a punto de ocultarse por completo en el horizonte y el paisaje vuelve a sufrir otro cambio, hay algo en el ambiente que hace que sienta verdadero terror, verdadero pánico. La dulce canción ha abandonado su condición, se ha vuelto más tétrica y por algún motivo siento como si algo horrible estuviera a punto de pasar. Es entonces cuando lo veo, es entonces cuando lo siento.
Por vez primera consigo ver su rostro, unos grandes ojos amarillos descansan sobre la faz de la figura, se trata de ojos atrayentes, pero también llenos de una profunda oscuridad, que harían temblar al más fuerte de la tierra. La sonrisa que se dibuja en su cara solo muestran su gran gusto por la muerte y por el dolor, aunque en realidad esto solo es capaz de ocultar la realidad del vacío que habita en el interior de la muchacha. Una docena de cuerpos masculinos descansan sobre las aguas, se trata de cuerpos sin vida que alguna vez fueron humanos y que alguna vez, llegaron a sentir atracción por ella. Siento como mi cara se tensa al reconocer a cada uno de los cadáveres que comienzo a divisar y  las lágrimas comienzan a asomar por mi rostro haciendo imposible la contención de las mismas.  Me limpio el rostro al comprender lo que sucede, levanto poco a poco la vista al cielo y respiro profundamente. Siento el aire marino penetrar en mi interior, noto como mi cabello rubio danza con el viento y noto como mi figura casi translúcida da media vuelta para regresar a mi querida y amada ciudad. 

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