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Mostrando entradas de marzo, 2018

Despedida

Odio las despedidas, nunca me han gustado, me gusta pensar en ellas como en un hasta pronto, supongo que eso hace la vida un poco más amena.  Después de mi iniciación como superheroína en el parque Warner, nos dedicamos a visitar hermosas zonas de Madrid que no habíamos visitado con anterioridad. Hicimos varios tours turísticos adentrándonos en lo más mágico y oscuro de las calles madrileñas y aunque el calor era en ocasiones insoportable, ya me había acostumbrado al tipo de calor que producía esa ciudad sin mar. Cada día que pasaba en Madrid echaba de menos mi corta estancia en Covarrubias. Sabía que volvería algún día y aunque no supiera cuando, algo dentro de mí hacía que quisiese retornar a ese lugar que había sido tan mágico para mi.  Entramos en el museo del prado donde pude disfrutar de la elegancia y la perspectiva que me producía el arte barroco de Velázquez, en el que me había fascinado el famosísimo cuadro de las Meninas que tantas veces había visto en los libr...

Mi viaje a Covarrubias: De vuelta a Madrid

Nos levantamos un poco tarde debido al cansancio que habíamos adquirido en el viaje de vuelta a Madrid. Ese día estábamos emocionados, o al menos yo lo estaba, aunque no intentaba demostrarlo, me gustaba intentar mostrar indiferencia. Me habían dicho que debía ponerme un bañador porque las atracciones de agua te mojaban todo el cuerpo y era un poco incómodo. Como tenía un bikini que había guardado en la maleta por si acaso, opté por esa opción, era sin duda la más acertada. Escogí unos pantalones vaqueros que me había regalado mi madrina antes del viaje y una camisa blanca con rayas rojas y azules de estilo marinero que me daban un toque informal a la par que juvenil. Opté también por calzar unos tenis que me habían comprado mis padrinos con todo su amor.  Cuando bajé a la cocina en busca de algo (algo que no sabía lo que era), eso solía pasarme a menudo, sentía la necesidad de bajar al piso de abajo, pero no tenía nada que hacer allí, pero, aun así, bajaba y no era consc...

Mi viaje a Covarrubias: Lo mejor del viaje (Parte 2)

La bodega era parte de la antigua muralla del pueblo, y por tanto, como toda bodega era oscura, lúgubre  y húmeda, además de fría y escalofriante lo que, sin duda, me proporcionaba cierta curiosidad. El olor característico de las cuevas, olía como a tierra mojada y a humedad, olía a antiguo y en cierto modo lo era.  Cuando comenzabas a  bajar las primeras escaleras, parecía que te adentrabas en una mazmorra propia de la época medieval, donde ocurrían los mayores asesinatos, torturas y ejecuciones propias de la época. Poco a poco mientras descendías teniendo como único instrumento o arma una linterna, notabas cada recoveco escondido, cada posible vía de escape y en mi imaginación incluso encontraba los lugares en los que era propicio enterrar un cadáver. Después de oír a Laura gritar un poco por las arañas que allí habitaban, nos dimos cuenta de que allí habitaban algo más que unas simples arañas. Allí, pegadas a las paredes húmedas de un color marrón rojizo habitaban u...

Mi viaje a Covarrubias: Lo mejor del viaje (Parte 1)

Me levanté totalmente descansada, con una tranquilidad y una serenidad que me proporcionaba el mayor éxtasis que podía llegar a alcanzar. Laura, como si estuviésemos de alguna forma sincronizadas como dos relojes, se despertó al mismo tiempo que yo, o al menos esa era la impresión que a mi me daba. Desayunamos leche y un poco de torta (pues la torta era lo que se desayunaba, lo que se utilizaba como acompañamiento en comidas y cenas y también lo que consumíamos en las meriendas), después de esto me metí en la ducha. Si me preguntaran alguna vez que era lo que más me gustaba de mi rutina diaria era, sin duda, la hora del baño; por muchas razones, la primera era que el agua me tranquilizaba y me hacía soñar, potenciaba mi imaginación. La segunda era que en el baño era el lugar en el que me sentía sola y en perfecta armonía conmigo misma, en el baño solo existíamos yo y mis pensamientos y reflexiones personales, allí siempre sería yo misma. La tercera era porque era el momento en el ...

Mi viaje a Covarrubias: Primer día (parte 2)

La música era mi mecanismo de evasión del mundo y con ella podía hacer que mi imaginación alcanzara la máxima altura posible. Mientras escuchaba y observaba lo que el paisaje me mostraba, comencé a notar como mi imaginación se iba apoderando de mi cuerpo y de mi mente. De pronto era una mujer fuerte transformada en pirata como de repente podía ser la mejor jugadora de tiro con arco del mundo. Mi mente era un mapa indescifrable de sueños, aventuras y deseos que quizá nunca llegaría a conseguir.  Lo que peor llevaba era el choque con la realidad, se trataba de un choque brusco y violento en el que mi mente se veía claramente afectada.  Cuando volví a la realidad de la guagua, me percaté de que Laura ya había terminado su serie, así que comencé a jugar al solitario en aquel aparato del demonio. Por alguna razón del destino no conseguía ganar a ese estúpido juego, después de unas cuantas partidas fallidas, empecé a sospechar que quizás siempre me tocaban las mismas cart...

Mi viaje a Covarrubias: Primer día (parte 1)

Puedo afirmar que el viaje había comenzado en la capital española, pues aunque había pasado tres días en la casa de los primos madrileños de mi mejor amiga, sentía que mi viaje comenzaba en ese mismo instante, quizás era porque en una pequeña parte de mi corazón sentía que la confianza con estos primos iba en aumento, pero también podía ser el hecho de la disposición que sentía con respecto a los pueblo procede tes de Burgos, los cuales poseían un encanto que era difícil comunicar con palabras. En la estación de guaguas de Madrid tuvimos que esperar unos veinte minutos hasta que pudieramos subir, minutos que aprovechamos para comer y, en mi caso, sacar dinero. Nuestra primera sorpresa fue quizá la incorporación de unas pantallas táctiles por las que podías disfrutar de una película, una serie, juegos, música... Veía como los primos mostraban su entusiasmo, dicho entusiasmo se producía en parte al hecho de que, en principio se había dispuesto que el precio de los billetes no incl...

Urgencias

Mi pie no dolía tanto, era capaz de apoyarlo en el suelo y con eso me bastaba. No entendía el porqué todo el mundo veía la hinchazón de mi tobillo como algo peligroso y poco más que demoníaco.  No entendería la importancia hasta más tarde.  Nunca había estado en Urgencias, siempre que había ido al médico por un esguince de tobillo o algún accidente en la mano siempre había acudido al médico privado proporcionado por el seguro del lugar en el que había estado estudiando, pero esta vez era diferente no tenia seguro porque me había accidentado haciendo el payaso, mi mayor especialidad. Aquello era solo una herida de guerra más que recordaría con el paso del tiempo.  Me vi en la obligación de entrar sola a aquella sala llena de sangre y gente encamillada, bueno, si quisiéramos tratar de matizar aquello de "gente encamillada", podríamos hacerlo si especificamos que aquellas personas eran ya ancianas, que por alguna razón se sentían atraídas por el suelo y las escaleras....

Manolita

- Era del bazar... del bazar de Julio... bueno, del bazar, no. De la tienda de al lado. Ha caído un obús...y... Julio está muerto.  Esas palabras resonaron en mi cabeza varias veces antes de que pudiera siquiera entender lo que estaba pasando. Volví a la realidad cuando el bebé que sostenía en mis brazos comenzó a moverse. "Julio está muerto" "Julio está muerto" No dejaban de sonar en mi cabeza, escuchaba esa frase una y otra vez, fue entonces cuando sentí mis piernas temblar y tambalearse hasta que mis rodillas llegaron a rozar el suelo. "Julio está muerto" "Julio está muerto" "...un obús..." Abracé a mi niño y lo estreché contra mi pecho para eliminar cualquier espacio que pudiera separarnos, a él no me lo arrebatarían también, a él no. La guerra ya se había llevado a demasiadas almas, algunas de gran importancia para mi y aunque sabía que seguirían muriendo personas cercanas a mi, a mi hijo jamás me lo arrebatarían, antes tendrían...

Esperanza II

Me desperté con la misma rapidez con la que Alicia descendió por la madriguera. Dormir es uno de mis hobbies favoritos, no por el hecho de descansar, ese tema lo encuentro terriblemente aburrido, lo que de verdad adoramos los amantes de este acto tan básico del ser humano es la capacidad que nos proporciona: la capacidad de soñar. En muchas ocasiones he pensado que soñar podría ser incluso más real que la propia realidad, quizás porque lo que ocurre en los sueños siempre nos beneficia, de un modo u otro, exceptuando las pesadillas, aunque recuerdo ahora haber leído que Freud, en una ocasión, afirmó que todos los sueños son una realización del deseo por parte del soñador, así que quizás las pesadillas también nos benefician después de todo.  Mientras reflexionaba todo esto sentada en la litera que me había tocado, no pude evitar fijarme en que los menores de mi cabaña se encontraban ya preparados y con las pilas cargadas ¿Cómo era posible que desprendieran tanta energía? Me hacía...

"La noche es oscura y alberga horrores"

Mis ojos observaban el paisaje que se encontraba ante ellos, un inmenso océano en clama se encontraba ante mi. La luna llena se contemplaba en el espejo infinito que se encontraba a sus pies. Notaba como mi piel ligeramente tostada por la luz del sol, se erizaba con el aire nocturno impregnado por la salitre que le proporcionaba la mar. A mi lado izquierdo, tumbado sobre la arena húmeda una figura masculina que de algún modo me resultaba familiar, a mi derecha una pareja de amantes se basaba con fuego en sus labios. No era capaz de centrarme en la figura masculina que se encontraba cerca de mí, no podía quitar ojo a los amantes que hacían de su amor un espectáculo, hecho para el disfrute del espectador y no del propio y como si estuviera dedicado a mi persona.  Ella portaba un hermoso vestido blanco, que junto a su pelo comenzaban una danza que bailaba al son de la música de Austros, su cabello rubio y su piel blanca hacían de la muchacha una mujer digna de adular. Él, en cambio...

Esperanza I

Mi vista se alzaba por la ventanilla del automóvil con el objetivo último de ser capaz de observar lo que las montañas lograban ocultar. Pronto llegaríamos a nuestro destino, un lugar en el que iríamos a acampar y disfrutar, y que hacían que un fin de semana normal se transformara pronto en uno inolvidable. Después de la primera convocatoria de los exámenes universitarios lo que necesitaba era un poco de paz y tranquilidad, volver a donde todo comienza, la vida, la naturaleza que se alza sobre nuestras cabezas con los pinos canarios más hermosos que jamás hallamos tan siquiera imaginado. Y allí me encontraba yo, escribiendo bajo un árbol una historia de campamento sin ningún sentido, sin pies ni cabeza.  Y probablemente pensareis que soy una de las niñas que viene a disfrutar del campamento, pero como suele, os equivocáis en exceso. Soy una de las monitoras y me gusta serlo, me da poder y eso es algo que adoro tener, poder de decisión sobre mi vida y todo lo que la rodea, no me ...

Mi lugar de la Mancha

Y ahí estaba mi dulce y encantador caballero, justo en frente de mí se alzaba la más hermosa figura que yo podía admirar. Su cuerpo alto y musculoso, su galantería y su porte, me hacían enloquecer. Todo lo que en él habitaba hacía arder mi corazón, mi preciado caballero había ganado numerosas batallas en mi nombre en las que había arriesgado su vida, solo por complacerme a mí, a una vulgar campesina de algún lugar de la Mancha, que ya nadie logra recordar. Lo que sentía por él no tenía comparación con alguna otra cosa, pero quizás podría compararse con el placer que produciría alzar el vuelo en busca de la libertad, un sentimiento que él podría proporcionarme. Había oído millones de historias en las que mi caballero andante salía victorioso, en la que se había enfrentado con seres gigantes cuyo objetivo era arrasar una tierra entera y sepultarla bajo la tierra, tantas historias correteaban de boca en boca que habían llegado hasta mi corazón y se quedarían allí para siempre. Lo vi ac...

Fuego

Logré atisbar la pasión que escondía su mirada, una mirada ardiente que aun añoraba. Soñaba todas las noches con la fusión que se producía entre su cuerpo y el mío, que lograban producir un calor intenso que rivalizaba con el propio infierno. Aun recuerdo como sus manos recorrían mi cuerpo desnudo y como me acogía entre sus brazos, en los que me sentía segura. Esos labios carnosos que se posaban en los míos con suma delicadeza y que hacían que mi cuerpo y mi mente se sintieran cada vez más atraídos hacia él. Sentía como sus labios resbalaban y se deslizaban lentamente de los míos hacia mi cuello con suma entrega, notaba el fuego en cada mirada suya, en cada palabra que lograba susurrarme al oído y con cada caricia que me proporcionaba. Su cuerpo y el mío totalmente fusionado encajaban como las piezas de un puzzle, que nunca debía ser destruido. Me gustaba sentir la anatomía masculina que se encontraba en frente de mí, no era de esos hombres de revistas, de esos "hombres de pape...

Miedo

Miedo, eso es lo que siento, miedo. Pero, ¿a qué le tengo miedo? no lo sé. O quizás si, pero no quiero admitirlo. Quizá solo tema a que se marchiten las rosas o quizás solo tenga miedo de las otras rosas que ocupan mi jardín. Eso es lo que soy, una rosa, una flor débil, delicada e insignificante. Quizás bella para algunos y absurda para otros, pero débil al fin y al cabo. ¿Acaso puede una rosa sentirse más insignificante de lo que se puede sentir en un jardín lleno de rosas? Quizás si la metiésemos en una jaula e imaginamos que es un canario podremos hacerla más invisible o peor aun, más visible. Porque aunque la jaula sea de oro, no por ello deja de ser una jaula que te va consumiendo poco a poco y porque creer que hay un canario no cambia el hecho de que lo que estés observando realmente es una rosa delicada y débil.  ¿El miedo es quizás la causa de mi debilidad? Probablemente.  Como la flor que es constantemente cuidada y amada por el jardinero, así de protegida me enc...

Dulce canto

Casi puedo verlo, casi puedo sentirlo.  El dolor poco a poco va nublando mi pobre ser, lentamente se va apoderando de mi corazón hasta envolverlo por completo. No me queda otra opción que caminar por las calles de mi ciudad sin rumbo alguno, esperando que llegue un milagro, algo que ayude a salvar mi pobre alma que se encuentra rota en mil y un pedazos. Todo es de la misma manera que ayer, los mismos edificios, el mismo cielo azul adornado por el calor del sol que lo va consumiendo todo a su alrededor. Siento como si, de un momento a otro fuera a caer al vacío más hondo y solitario que pudiera existir y en este momento comienzo a sentirme como Ícaro al acercarse demasiado al sol.  Pronto llego al que supongo que ha sido mi destino, un inmenso mar azul brilla con tanta hermosura que parece bendecido por el propio Helios. A mi izquierda una pequeña extensión de tierra canaria se alza sobre mi, como si de un muro se tratase, como si solo quisiera mantenerme cautiva. En un pr...

Vivir

Paseaba siempre por la noche y por el día. Prácticamente todo lo que hacía era pasear, en parte porque le ayudaba a pensar. Pensaba en todo lo que hacía, si lo hacía correctamente, si, por el contrario, todo lo que hacía era erróneo, etc.  Solía pensar en el motivo de su inmensa soledad y lo que le había llevado hasta allí, hasta ese momento de infinita frustración, porque en su caso la frustración era infinita, inevitable. Mientras caminaba observaba a los niños ir a la escuela aun con los ojos pegados de la falta de sueño por haber dormido menos de ocho horas, observaba también a las personas camino del trabajo, con sus caras de mal humor desde por  la mañana, observaba a los ancianos ir y venir por las calles paseando, aburridos si nada más que hacer que contemplar los árboles, el sonido de los pájaros o sentir el vaivén de la brisa marina que procedía del puerto de la isla, más tarde se sentaba en un banco de uno de los parques más concurridos para ver como una pareja d...

Posesión

Al principio no sientes nada, solo vacío. Es como si todo lo que te rodea no te perteneciera, estás como ausente, es como si parte de tu ser estuviera en este mundo terrenal, pero otra parte de ti no estuviera en ningún lado. Después, minutos previos a que todo comience, de repente caes de golpe en la realidad lo que produce el choque que te hace despertar de forma brusca y violenta. Lo siguiente que sientes es como tu cuerpo deja de ser tuyo, y pasa a ser parte de lo que tu mente va a denominar más tarde nervios. Comienzas a notar como los dedos de tus manos tiemblan a un ritmo desmesurado, que pronto se extiende a manos y brazos, hasta llegar a los pies y finalmente hasta tu voz comienza a temblar, produciendo unos sonidos entrecortados de lo más extraños. Y puedo asegurar que, en ese momento, comenzaba a sentir nervios, muchos nervios. Notaba como mi cuerpo comenzaba a temblar de pies a cabeza y no era capaz de controlarlo, lo que me producía impotencia y más tarde rabia, pues de...

Sentimientos encontrados

Allí estaba ella apoyada en la pared y con la cabeza entre las piernas en la mitad de la noche. Un noche oscura, pero no demasiado fría.  Su rostro bañado en lágrimas se encuentra con el espejo que se tiene en frente. Incluso en la mitad de la noche puede vislumbrar sus ojos de un color rosado y rojizo al mismo tiempo que hinchados y llenos de lágrimas que luchan por salir a la superficie.  Delante del espejo y en la oscuridad de la noche se plantea reflexiones acerca de su vida. ¿Por qué no es la favorita? ¿Por qué no hay un sitio para ella? O ¿Quién es la persona que tengo delante de mi?  Esa pregunta le llega al alma lo que hace que otra de las lágrimas frías y húmedas bajen rozando su rostro, posiblemente porque sabe la respuesta o al menos, cree conocerla. Ella ve una persona que es capaz de hacer lo que hacen los demás, sale de casa y está constantemente rodeada de personas, personas que le profesan cariño y otras que no tanto, pero al fin y al cabo, person...