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Despedida

Odio las despedidas, nunca me han gustado, me gusta pensar en ellas como en un hasta pronto, supongo que eso hace la vida un poco más amena.  Después de mi iniciación como superheroína en el parque Warner, nos dedicamos a visitar hermosas zonas de Madrid que no habíamos visitado con anterioridad. Hicimos varios tours turísticos adentrándonos en lo más mágico y oscuro de las calles madrileñas y aunque el calor era en ocasiones insoportable, ya me había acostumbrado al tipo de calor que producía esa ciudad sin mar. Cada día que pasaba en Madrid echaba de menos mi corta estancia en Covarrubias. Sabía que volvería algún día y aunque no supiera cuando, algo dentro de mí hacía que quisiese retornar a ese lugar que había sido tan mágico para mi.  Entramos en el museo del prado donde pude disfrutar de la elegancia y la perspectiva que me producía el arte barroco de Velázquez, en el que me había fascinado el famosísimo cuadro de las Meninas que tantas veces había visto en los libr...

Mi viaje a Covarrubias: De vuelta a Madrid

Nos levantamos un poco tarde debido al cansancio que habíamos adquirido en el viaje de vuelta a Madrid. Ese día estábamos emocionados, o al menos yo lo estaba, aunque no intentaba demostrarlo, me gustaba intentar mostrar indiferencia. Me habían dicho que debía ponerme un bañador porque las atracciones de agua te mojaban todo el cuerpo y era un poco incómodo. Como tenía un bikini que había guardado en la maleta por si acaso, opté por esa opción, era sin duda la más acertada. Escogí unos pantalones vaqueros que me había regalado mi madrina antes del viaje y una camisa blanca con rayas rojas y azules de estilo marinero que me daban un toque informal a la par que juvenil. Opté también por calzar unos tenis que me habían comprado mis padrinos con todo su amor.  Cuando bajé a la cocina en busca de algo (algo que no sabía lo que era), eso solía pasarme a menudo, sentía la necesidad de bajar al piso de abajo, pero no tenía nada que hacer allí, pero, aun así, bajaba y no era consc...

Mi viaje a Covarrubias: Lo mejor del viaje (Parte 2)

La bodega era parte de la antigua muralla del pueblo, y por tanto, como toda bodega era oscura, lúgubre  y húmeda, además de fría y escalofriante lo que, sin duda, me proporcionaba cierta curiosidad. El olor característico de las cuevas, olía como a tierra mojada y a humedad, olía a antiguo y en cierto modo lo era.  Cuando comenzabas a  bajar las primeras escaleras, parecía que te adentrabas en una mazmorra propia de la época medieval, donde ocurrían los mayores asesinatos, torturas y ejecuciones propias de la época. Poco a poco mientras descendías teniendo como único instrumento o arma una linterna, notabas cada recoveco escondido, cada posible vía de escape y en mi imaginación incluso encontraba los lugares en los que era propicio enterrar un cadáver. Después de oír a Laura gritar un poco por las arañas que allí habitaban, nos dimos cuenta de que allí habitaban algo más que unas simples arañas. Allí, pegadas a las paredes húmedas de un color marrón rojizo habitaban u...

Mi viaje a Covarrubias: Lo mejor del viaje (Parte 1)

Me levanté totalmente descansada, con una tranquilidad y una serenidad que me proporcionaba el mayor éxtasis que podía llegar a alcanzar. Laura, como si estuviésemos de alguna forma sincronizadas como dos relojes, se despertó al mismo tiempo que yo, o al menos esa era la impresión que a mi me daba. Desayunamos leche y un poco de torta (pues la torta era lo que se desayunaba, lo que se utilizaba como acompañamiento en comidas y cenas y también lo que consumíamos en las meriendas), después de esto me metí en la ducha. Si me preguntaran alguna vez que era lo que más me gustaba de mi rutina diaria era, sin duda, la hora del baño; por muchas razones, la primera era que el agua me tranquilizaba y me hacía soñar, potenciaba mi imaginación. La segunda era que en el baño era el lugar en el que me sentía sola y en perfecta armonía conmigo misma, en el baño solo existíamos yo y mis pensamientos y reflexiones personales, allí siempre sería yo misma. La tercera era porque era el momento en el ...

Mi viaje a Covarrubias: Primer día (parte 2)

La música era mi mecanismo de evasión del mundo y con ella podía hacer que mi imaginación alcanzara la máxima altura posible. Mientras escuchaba y observaba lo que el paisaje me mostraba, comencé a notar como mi imaginación se iba apoderando de mi cuerpo y de mi mente. De pronto era una mujer fuerte transformada en pirata como de repente podía ser la mejor jugadora de tiro con arco del mundo. Mi mente era un mapa indescifrable de sueños, aventuras y deseos que quizá nunca llegaría a conseguir.  Lo que peor llevaba era el choque con la realidad, se trataba de un choque brusco y violento en el que mi mente se veía claramente afectada.  Cuando volví a la realidad de la guagua, me percaté de que Laura ya había terminado su serie, así que comencé a jugar al solitario en aquel aparato del demonio. Por alguna razón del destino no conseguía ganar a ese estúpido juego, después de unas cuantas partidas fallidas, empecé a sospechar que quizás siempre me tocaban las mismas cart...

Mi viaje a Covarrubias: Primer día (parte 1)

Puedo afirmar que el viaje había comenzado en la capital española, pues aunque había pasado tres días en la casa de los primos madrileños de mi mejor amiga, sentía que mi viaje comenzaba en ese mismo instante, quizás era porque en una pequeña parte de mi corazón sentía que la confianza con estos primos iba en aumento, pero también podía ser el hecho de la disposición que sentía con respecto a los pueblo procede tes de Burgos, los cuales poseían un encanto que era difícil comunicar con palabras. En la estación de guaguas de Madrid tuvimos que esperar unos veinte minutos hasta que pudieramos subir, minutos que aprovechamos para comer y, en mi caso, sacar dinero. Nuestra primera sorpresa fue quizá la incorporación de unas pantallas táctiles por las que podías disfrutar de una película, una serie, juegos, música... Veía como los primos mostraban su entusiasmo, dicho entusiasmo se producía en parte al hecho de que, en principio se había dispuesto que el precio de los billetes no incl...

Urgencias

Mi pie no dolía tanto, era capaz de apoyarlo en el suelo y con eso me bastaba. No entendía el porqué todo el mundo veía la hinchazón de mi tobillo como algo peligroso y poco más que demoníaco.  No entendería la importancia hasta más tarde.  Nunca había estado en Urgencias, siempre que había ido al médico por un esguince de tobillo o algún accidente en la mano siempre había acudido al médico privado proporcionado por el seguro del lugar en el que había estado estudiando, pero esta vez era diferente no tenia seguro porque me había accidentado haciendo el payaso, mi mayor especialidad. Aquello era solo una herida de guerra más que recordaría con el paso del tiempo.  Me vi en la obligación de entrar sola a aquella sala llena de sangre y gente encamillada, bueno, si quisiéramos tratar de matizar aquello de "gente encamillada", podríamos hacerlo si especificamos que aquellas personas eran ya ancianas, que por alguna razón se sentían atraídas por el suelo y las escaleras....