Esperanza II
Me desperté con la misma rapidez con la que Alicia descendió por la madriguera. Dormir es uno de mis hobbies favoritos, no por el hecho de descansar, ese tema lo encuentro terriblemente aburrido, lo que de verdad adoramos los amantes de este acto tan básico del ser humano es la capacidad que nos proporciona: la capacidad de soñar. En muchas ocasiones he pensado que soñar podría ser incluso más real que la propia realidad, quizás porque lo que ocurre en los sueños siempre nos beneficia, de un modo u otro, exceptuando las pesadillas, aunque recuerdo ahora haber leído que Freud, en una ocasión, afirmó que todos los sueños son una realización del deseo por parte del soñador, así que quizás las pesadillas también nos benefician después de todo.
Mientras reflexionaba todo esto sentada en la litera que me había tocado, no pude evitar fijarme en que los menores de mi cabaña se encontraban ya preparados y con las pilas cargadas ¿Cómo era posible que desprendieran tanta energía? Me hacía parecer vieja toda aquella situación.
La horrible verdad era que no había logrado conciliar el sueño, como era costumbre. Dormir fuera de casa podía llegar a ser toda una odisea, siempre había sido un fastidio dormir en una cama que no fuera la mía la primera noche. La sensación era la misma que sientes cuando duermes con un chico la primera vez, el sueño nunca llega, te pasas la noche pensando en que haces o en que dejas de hacer ¿Qué pasa si me muevo? ¿Y si se despierta? En fin, un horror.
Mientras los niños se iban a desayunar, yo aprovechaba para ducharme. Mi segundo hobbie favorito. Una buena ducha siempre calmaba mis nervios y eliminaba todo el estrés obtenido durante el día o durante la noche, como era el caso. Dejo que el agua recorra mi piel centímetro a centímetro mientras cierro los ojos, como si eso fuera a solucionar el hecho de que no había sido capaz de descansar. Me alejo del mundanal ruido de cubiertos y gritos de niños para adentrarme en los sonidos que la naturaleza me ofrece. Y comienzo a caminar, adentrándome en el bosque que se encuentra a mi alrededor.
Acaba de venirme un pensamiento interesante: ¿Os fijáis que los seres humanos a menudo utilizamos oraciones del tipo "el bosque que se encuentra a mi alrededor" o "los sonidos que la naturaleza me ofrece"? Es como si el bosque pensara conscientemente en nuestro bienestar, creo que es culpa del egocentrismo que tenemos la raza humana, como si fuésemos superiores a la naturaleza, cuando todos sabemos que los fenómenos meteorológicos, es una de las cosas que no podemos controlar.
Recorro el campamento y descubro nuevos escondites, lugares secretos y animales que no había visto nunca y que quizás nunca más veré. Quizás utilizaré esos buenos lugares para alguno de los juegos que tenemos programado para esta tarde.
Por cierto me veo en la obligación de recordaros que estáis ante una historia absurda y totalmente autobiográfica, por lo que si no queréis seguir perdiendo vuestro maravilloso tiempo con esta parafernalia, podéis parar en este preciso instante la lectura, si es que no lo habéis dejado ya. Dejando esto claro, proseguiré.
El día transcurrió con normalidad, los juegos físicos hacían que se los niños se cansaran de forma rápida, lo que proporcionaba a los monitores una noche libre de llantos causados principalmente por el sentimiento de morriña que, a su vez era causado por el sentimiento de soledad que solía invadir a niños de esas edades y los juegos mentales en los que se requería concentración nos proporcionaba a los monitores un fabuloso tiempo de descanso, que aprovechábamos para charlar falsamente sobre temas en los que no estábamos siempre de acuerdo, pero que por el bien de la convivencia y el trabajo en equipo debías posicionarte a favor en ciertos casos. Llegó el momento de la cena, momento que aprovecho para escribir estas líneas por placer y por gusto. Escribir me ayuda a pensar, reflexionar y ordenar mis ideas ¿Qué es lo que pienso? Lo qué realmente pienso, no lo que creo pensar, pero en realidad ha sido producto de un pensamiento impulsivo que solo amenaza con salir por mi boca, como si de veneno se tratase. Antes de que los niños se acuesten sigo con el cuento de Alicia en el país de las maravillas, pero no hace falta avanzar mucho en la historia, ya que los numerosos juegos surten efecto casi inmediato que hace que los niños caigan en el más profundo sueño con una rapidez casi inmediata. Mientras el sueño envuelve a los niños en sus brazos, aprovecho para salir y dar un paseo y de paso para despedirme de todo lo que recoge la palabra naturaleza que me ha mantenido en un estado de relajación máxima y que, asimismo, me ha alejado de la sociedad que tanto contamina nuestra pobre y débiles almas. Mañana será un nuevo día y tendré que abandonar este paisaje para no verlo más hasta el año siguiente cuando vuelva otra vez para ejercer el mismo rol que he desempeñado hasta el momento.
¿Lo veis? Os dije que estabais ante una historia que no tenía ningún interés en absoluto. Siento tener que deciros que habéis perdido vuestro tiempo de la manera más absurda posible, al leer este relato hasta el final.
Aunque creo que os merecéis algo de honestidad por mi parte, ya que habéis llegado hasta este punto: No, en realidad, no lo siento.
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