"La noche es oscura y alberga horrores"

Mis ojos observaban el paisaje que se encontraba ante ellos, un inmenso océano en clama se encontraba ante mi. La luna llena se contemplaba en el espejo infinito que se encontraba a sus pies. Notaba como mi piel ligeramente tostada por la luz del sol, se erizaba con el aire nocturno impregnado por la salitre que le proporcionaba la mar. A mi lado izquierdo, tumbado sobre la arena húmeda una figura masculina que de algún modo me resultaba familiar, a mi derecha una pareja de amantes se basaba con fuego en sus labios. No era capaz de centrarme en la figura masculina que se encontraba cerca de mí, no podía quitar ojo a los amantes que hacían de su amor un espectáculo, hecho para el disfrute del espectador y no del propio y como si estuviera dedicado a mi persona. 
Ella portaba un hermoso vestido blanco, que junto a su pelo comenzaban una danza que bailaba al son de la música de Austros, su cabello rubio y su piel blanca hacían de la muchacha una mujer digna de adular. Él, en cambio, era de piel tostada, bajo de estatura y de predominante cuello. Él representaba el sentimiento ciego del amor, ella, en cambio, era pura destrucción. 
Después del beso que se prolongaba, ella decidió apartarse con delicadeza y jugueteando con sus manos y sus caderas con cierto aire seductor, enterró sus hermosos pies en la orilla del mar, a la misma vez que permitía que el aire marino penetrara en sus fosas nasales como si, de algún modo se estuviera alimentando con esa acción. Luego elevó su hermoso cuello que rivalizaba con el canon de belleza renacentista y observó la luna, complacida. Al girar su cabeza hacia su joven amante vislumbró como los pasos que daban acortaban las distancias entre ellos, hasta que él volvió a depositar sus labios sobre los de ella fundiéndose de nuevo en la pasión que los rodeaba. 
Así siguieron un rato largo y tendido, amándose apasionadamente mientras se iban adentrando cada vez más y más, alejándose de la seguridad que proporcionaba la orilla. Aquella mujer lo dominaba, lo sometía a su voluntad y hacía exactamente lo que ella deseaba. Sus manos ya no eran delicadas cuando rozaban el cuerpo de su amante, se habían tornado ásperas y letales debido a las escamas que comenzaban a aflorar de su piel. Sus labios ya no eran carnosos, sino gratamente embriagadores y sus ojos castaños claros se habían transformado en unos profundos ojos amarillos brillantes, pero él no lo vio hasta que fue demasiado tarde. 
El amante abrió los ojos y se encontró con una muchacha muy diferente de la que creía haber estado enamorado tiempo atrás. Sus ojos y sus manos letales lo envolvían por completo y fueron arrastrándolo mar adentro hasta que ya no quedaba ninguna evidencia de que aquellos amantes habían existido en algún tiempo pasado. El mar que hasta antes había poseído un color azul se había teñido de un hermoso rojo oscuro, que se iba extendido a cada minuto que pasaba hasta casi desaparecer por completo y no dejar rastro de aquel crimen. Lo observé todo hasta el final como si se tratara de un recuerdo no ocurrido hace mucho tiempo. 
La muchacha salió del agua como si no hubiera ocurrido nada en el momento anterior, con su pelo rubio, su vestido blanco, sus labios carnosos y sus manos apasionadas se acercó a mi como si de un fantasma se tratase y se adentró en mi interior agregándose a mi alma haciéndome sentir totalmente completa. En ese momento, fui consciente del hombre que había estado todo el tiempo en mi lado izquierdo y de repente volví a sentir un hambre voraz que amenazaba con destruirme. 

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