Mi viaje a Covarrubias: De vuelta a Madrid

Nos levantamos un poco tarde debido al cansancio que habíamos adquirido en el viaje de vuelta a Madrid. Ese día estábamos emocionados, o al menos yo lo estaba, aunque no intentaba demostrarlo, me gustaba intentar mostrar indiferencia. Me habían dicho que debía ponerme un bañador porque las atracciones de agua te mojaban todo el cuerpo y era un poco incómodo. Como tenía un bikini que había guardado en la maleta por si acaso, opté por esa opción, era sin duda la más acertada. Escogí unos pantalones vaqueros que me había regalado mi madrina antes del viaje y una camisa blanca con rayas rojas y azules de estilo marinero que me daban un toque informal a la par que juvenil. Opté también por calzar unos tenis que me habían comprado mis padrinos con todo su amor. 
Cuando bajé a la cocina en busca de algo (algo que no sabía lo que era), eso solía pasarme a menudo, sentía la necesidad de bajar al piso de abajo, pero no tenía nada que hacer allí, pero, aun así, bajaba y no era consciente de que lo hacía hasta después de un tiempo. Cuando baje me encontré con el panorama Laura ya se había arreglado al igual que yo. Adonai, por otro lado, se encontraba preparando las botellas de agua, las toallas... En fin, todo lo necesario para pasar el día en el parque de atracciones. Paula, por otro lado, no daba señales de vida. 
El novio de Nicky ya estaba en escena listo para acercarnos a nuestro destino. Nicky se encontraba bastante mejor, aunque seguía un poco indispuesta, yo por otro lado supe desde el momento en el que abrí los ojos que la enfermedad que había estado consumiendo parte de la energía de Nicky, ahora me estaba empezando a consumir a mi también. 
A eso de las 3 o 4 am de la noche anterior, me había despertado con una sensación térmica muy extraña, sentía como los ojos me quemaban y ardían, al mismo tiempo que me lloraban, sentía mi cuerpo extremadamente caliente, pero a la misma vez sentía un inmenso frío y unas ganas tremendas de consumir agua. En ese momento, noté como empezaba a delirar, era un estado muy raro porque la ficcionalidad se iba haciendo hueco e iba sobrepasando la realidad, en ese mismo momento sentía como el Quijote y Sancho luchaban por liderar tanto mi cuerpo como mi mente. Por una parte las cosas que pensaba sabía que no tenían sentido, pero por otra parte me las creía. Soñé como bajaba las escaleras del castillo medieval en el que me encontraba y como descendía a las cocinas en busca de algo con lo que apagar mi ansía sedienta, cuando fui consciente me encontraba en la cocina sosteniendo un vaso de agua en la mano, por un momento la ficcionalidad había vencido a la realidad, así que para evitar males mayores me acosté de nuevo y no volví a levantarme hasta la mañana siguiente. 
Cuando Paula al fin estuvo lista nos subimos al coche y nos dispusimos a encaminarnos hacia nuestro destino. 
Durante el viaje no hicimos otra cosa que jugar a coche amarillo y hablar de como nos lo íbamos a pasar en el parque de atracciones. Y después de un tiempo lo vimos, allí a lo lejos, como si de un sueño se tratase, allí estaba nuestro destino: el parque de atracciones Warner de Madrid.

Nada más llegar nos hicieron abrir las maletas, probablemente para comprobar que no entrabamos con comida al parque y después de esto entramos en lo que se convertiría en el mejor día de nuestras vidas.
La Warner era realmente increíble, de pronto estabas en el salvaje oeste, y más tarde te encontrabas en la casa de Bugs Bunny. 
Nos montamos en las atracciones de agua, una tras otra, era increíble esa sensación refrescante que se mezclaba con el calor que se producía en aquella capital española. Después de montarme en la montaña rusa de madera en la que me propusieron subirme comencé a notar como la temperatura corporal iba subiendo, así como la bajada de energía brusca que se produjo en aquel instante. Después nos adentramos en la magnífica ciudad de Ghotam en la que se encontraba la montaña rusa de Batman, los decorados eran realmente impresionantes cada decorado estaba confeccionado o construido al detalle de manera que realmente parecía que te encontrabas allí. Después te podías adentrar en LexCorp, entrabas al laboratorio en el que experimentaban con la kriptonita y otros inventos propios de Lex Luthor y después te adentrabas en la atracción del propio personaje. Una atracción que me mareo, montarte en esa atracción era como meterte dentro de una lavadora, no paras de dar vueltas y más vueltas. 
Así transcurrió nuestro día en el parque de atracciones, comiendo en Gotham o en el Daily Planet, y viendo como Batman derrotaba al Joker en la plaza del ayuntamiento de Gotham, ayudándose de edificios altos, petardos que simulaban bombas, motos, golpes, luchas y sobretodo heroicidad. 
Y aunque la enfermedad era parte de mi en ese momento, me lo pasé genial, y me prometí a mi misma ese día que volvería a ese parque y me montaría en todo aquello en lo que la enfermedad me impidió montarme. 
Esa noche volví a ser liderada pero esa vez no por el delirio, o al menos no completamente, sino por la fiebre, la temperatura iba haciendo meya en mi, provocando que mi cuerpo temblara y haciendo que ahí donde la gente sentía calor, yo sintiera un frío helador. Las atracciones de agua habían provocado que mi temperatura se disparara y que mi cuerpo dejara de funcionar a voluntad. Laura me tapó con la sábana y me dormí, esperando que al día siguiente, yo volviera a ser persona.   


Comentarios