Mi viaje a Covarrubias: Lo mejor del viaje (Parte 1)
Me levanté totalmente descansada, con una tranquilidad y una serenidad que me proporcionaba el mayor éxtasis que podía llegar a alcanzar.
Laura, como si estuviésemos de alguna forma sincronizadas como dos relojes, se despertó al mismo tiempo que yo, o al menos esa era la impresión que a mi me daba. Desayunamos leche y un poco de torta (pues la torta era lo que se desayunaba, lo que se utilizaba como acompañamiento en comidas y cenas y también lo que consumíamos en las meriendas), después de esto me metí en la ducha. Si me preguntaran alguna vez que era lo que más me gustaba de mi rutina diaria era, sin duda, la hora del baño; por muchas razones, la primera era que el agua me tranquilizaba y me hacía soñar, potenciaba mi imaginación. La segunda era que en el baño era el lugar en el que me sentía sola y en perfecta armonía conmigo misma, en el baño solo existíamos yo y mis pensamientos y reflexiones personales, allí siempre sería yo misma. La tercera era porque era el momento en el que se puede huir del calor del verano... Y así podría seguir con muchas cosas más.
Cuando baje de nuevo a la cocina, los primos y Laura estaban sentados en la mesa, al parecer esperándome, así que me senté y me dispuse a escuchar.
Al parecer al primo durante la noche le había ocurrido una cosa de lo más extraña, por alguna extraña fuerza del destino se había levantado sintiendo una presencia conocida. De repente cuando ha pensado que sería una tontería se ha encontrado con su "yo del futuro" que le había comunicado que nosotros éramos la última esperanza para el mundo y que debíamos salvarlo escondiendo una máquina, pero esa máquina no podríamos encontrarla tan fácilmente, para ver si éramos dignos de tan honorable tarea, debíamos encontrarla mediante la resolución de una serie de pistas que pondrían a prueba nuestra capacidad intelectual y física. La primera pista se encontraba dividida en dos, la primera parte consistía en encontrar una especie de eclipse de sol. Laura que conocía bien la casa se percató del espejo que se encontraba en el tercer piso en el cual se recreaba cono el sol tapaba la luna formando así un hermoso eclipse de sol. Cuando conseguimos la primera pista, el primo nos reveló donde se encontraría la segunda parte de dicha pista: "Nazco de mi madre, sin conciencia de padre y cuando muero, de mi nace mi madre". En un primer momento pensé que podría tratarse de una foto familiar, porque en un sentido metaforizado podríamos llegar a pensar que los nietos tienen genes de la abuela (a quien correspondería la categoría de madre), pero no me cuadraba del todo lo de sin conciencia padre. Laura, por otro lado pensó que podría tratarse de las plantas, ya que al igual que los genes familiares volvían a nacer mediante la reproducción, pero este si que no tenía conciencia de padre, así nos pusimos a buscar por todos los jardines tanto fuera como dentro de la casa, pero sin éxito. Ambas nos sentamos en la mesa de la cocina a pensar en otra forma de comprender el acertijo, cuando la prima de Laura nos sorprendió encontrando la pista dentro del congelador. Tenía sentido, ya que el hielo en su estado sólido es la madre, cuando se derrite, se transforma en hijo para transformarse de nuevo en madre cuando vuelva de nuevo a su estado sólido y viceversa.
Por fin teníamos la primera pista, que nos llevaría a la segunda y con la cual comenzaríamos el reto en aquel pueblo que tanto me gustaba.
Más pronto que tarde nuestra visita se convirtió en rutina, nos levantábamos, desayunábamos torta con mermelada, salíamos a dar una vuelta (entendiendo dar una vuelta con ir en busca de pistas), alguna vez nos bañamos en río o la piscina. Y cuando llegábamos a casa y cenábamos, había siempre juego de mesa, en el que nos divertíamos y nos reíamos hasta la saciedad.
En alguna ocasión, pensaba que la rutina era algo malo, que nos condicionaba, que en cierto modo éramos como pequeños robot programados en un mundo demasiado grande y que el desorden, llegaba a proporcionar la libertad, pero no sé hasta que punto esto puede ser verdad, ya que, la rutina hace que nos mantengamos en movimiento y mientras la practicas puedes llegar a conocer gente que no pensabas que conocerías o mediante la rutina de, por ejemplo salir a dar una vuelta todos los días por la tarde, puedes a veces desviarte del camino, y esto, a su vez, puede llegar a convertirse en la aventura más emocionante de todas.
Los días en Covarrubias transcurrían con normalidad, como he dicho, rutina. Pero de vez en cuando hacíamos cosas que no nos esperábamos o que no estaban planeadas. Por ejemplo, esa vez en la que nos metimos en la bodega y nos encontramos unos personajes de lo más singulares.
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