Puedo afirmar que el viaje había comenzado en la capital española, pues aunque había pasado tres días en la casa de los primos madrileños de mi mejor amiga, sentía que mi viaje comenzaba en ese mismo instante, quizás era porque en una pequeña parte de mi corazón sentía que la confianza con estos primos iba en aumento, pero también podía ser el hecho de la disposición que sentía con respecto a los pueblo procede tes de Burgos, los cuales poseían un encanto que era difícil comunicar con palabras. En la estación de guaguas de Madrid tuvimos que esperar unos veinte minutos hasta que pudieramos subir, minutos que aprovechamos para comer y, en mi caso, sacar dinero. Nuestra primera sorpresa fue quizá la incorporación de unas pantallas táctiles por las que podías disfrutar de una película, una serie, juegos, música... Veía como los primos mostraban su entusiasmo, dicho entusiasmo se producía en parte al hecho de que, en principio se había dispuesto que el precio de los billetes no incl...
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